capítulo 5 mi primera semana de viaje
Bueno pues ya vamos por la quinta entrega, en esta ocasión iba a disponer de una semanita, estando en una situación en la cual debido al covid -19 no podíamos salir de la región autónoma en este caso Galicia me dirigí a pasar la primera noche a la bonita zona del norte de la provincia de Lugo más concretamente iba a hacer noche en el aparcamiento de la playa de las catedrales,un bonito lugar muy famoso y con mucho turisteo pero debido a lo antes mencionada pase la noche totalmente solo, una situación extraña para mí pero que iba a tener que irme acostumbrando. No estando muy atento al tema de los horarios y las mareas puesto que dicha playa hay que visitarla con la marea baja qué es cuando se puede acceder a ella, me dispuse a coger la bicicleta de montaña y a recorrer la costa lo más pegado al mar por unos senderos y carreteras hasta llegar al pueblo de Ribadeo, frontera natural con la vecina Asturias y separadas por la ría y el río Eo.
Ribadeo es una bonita población, callejuelas estrechas, un bonito lugar para pasear y a media mañana cuando tu estómago te lo pide pararte y meter un tentempié.
Al día siguiente me dispuse en dirección oeste recorrer la costa ya en la autocaravana y después de mirar la aplicación park4night y previamente mirar el Google Earth el relieve de la costa desde el espacio, me llamo poderosamente la atención una puntita de tierra al borde del mar con el nombre de San cibrao, allí me dirigi pues aún encima según la anterior aplicación había área de autocaravanas y allí podría tener servicio de llenado y vaciado de aguas. Una vez llegue el área estaba en el borde de la costa sobre el mar,es verdad que era el mes de abril estábamos en primavera y soplaba bastante el viento por ser mar abierto pero el sitio era estupendo y había varios viajeros en el área dándote ese plus de tranquilidad viajera. Cómo suele ser habitual al llegar a una población salí a dar un paseo recorriendo el pueblo, llegue a una pequeña playa bueno a una no a dos,pues habiendo un paseo estrecho hay playa a ambos lados de la carretera y el viento era tan fuerte que te disparaba la arena a la cara.
Aquí iba a hacer noche que por cierto no fue muy placentera que digamos pues el viento movía la autocaravana, fue una noche digamos.... toledana. Ya el día siguiente después de un buen desayuno desde mi visión se divisaba un faro en la puntita justo del mar a la cual me dirigí atravesando otra vez la estrecha carretera entre las dos playas. Una vez en el faro el sitio es muy muy bonito tiene un mirador en el cual te puedes guarecer del viento y allí estuve un buen rato contemplando el romper de las olas del mar contra el rocaje, es un sitio al cual quiero volver pues me dejo un grato recuerdo por lo bonito y al mismo tiempo desconocido.
Y de nuevo otra vez a la carretera en dirección oeste me encontré con la bonita población de Viveiro la cual conozco bastante bien de mis años mozos de ir de fiesta con la pandilla de amigos,recuerdo ir con mi gran amigo Toni en una motocicleta que tenía de 250cc.yo conducíendo el sentado detrás mío con un mochilón a la espalda con tienda de campaña sacos de dormir etcétera para pasar unos días, vamos una aventura en toda regla. Una vez allí teniendo también área de autocaravanas fui a aparcar y a dar un paseo por el pueblo recordando sus bonitas calles empedradas. Viveiro es una población bonita para visitar parando a tomar una cervecita en su plaza principal y tomando el sol. Una vez acabado me dirigí a la autocaravana y me hice la comida.
Ya por la tarde me dirigí a ortigueira un pueblecito que también disponía de área de autocaravanas, allí me dirigí aparcando al lado del mar para pasar la noche.
Al día siguiente cogí la bicicleta de carretera que la tenía un poco olvidada y me dirigí al bonito pueblo de cariño recorriendo la ría que baña la población de ortigueira.
El pueblo de cariño es un pueblo marinero muy muy bonito y que tiene en su costa unos acantilados de los más altos de todo el norte de la geografía española. Estuve en el puerto y recorriendo algunas de sus calles para dirigirme hacia la montaña un sitio verdaderamente mágico para ver la ría desde lo alto.
Una vez después de haber contemplado las fabulosas vistas me dirigí al bonito faro de Cabo Ortegal, sitio espectacular y una cosa que lo hizo más intenso fue el haber estado totalmente solo, pues no me quiero imaginar en el verano cómo debe de estar el lugar, este fue sin duda un gran privilegio para mí.
A la mañana siguiente mi destino iba a ser la ciudad de Lugo pues iba a hacer noche allí, pues al día siguiente tendría que acercarme a ver a mis antiguos amigos y vecinos del camping Santa tecla en A Guarda, Pontevedra. Así que me dirigí a Lugo y pare en su estupenda área de autocaravanas que está justo debajo del parque de Rosalía de Castro, que a su vez está justo al lado de la muralla. Pues nada dicho y hecho,una vez aparcado me subí hasta la zona de la muralla y me la puse a recorrer por su parte superior que lo bueno que tiene es que en cada zona puedes acceder al interior desde dicha muralla parando a tomarse un merecido descanso.
Y ya era viernes momento de partir hacia el camping, atravesando el interior de Galicia por carreteras nacionales cogiéndome una tormenta de granizo momento en que se me empezaron a empañar los cristales pues aún no estaba hecho al funcionamiento del sistema de desempañamiento tuve que pararme al borde de la carretera en cuanto encontré un sitio... menudo susto,menuda tensión. Es lo que tienen estas cosas al ser nuevas.
Esa noche la pasé en la playa de la lamiña pues mis amigos no llegarían hasta el sábado los cuales me fueron a buscar a dónde estaba aparcado. Decir también que volvía a dormir solo,por supuesto, llamándome poderosamente la atención unas luces de color verde,en diversas zonas en el interior del río Miño, pues dicha playa está justo en la desembocadura y resulta ser que estaban a la pesca de la lamprea,una curiosidad que después de estar veraneando allí 15 años fue el momento de descubrir. Como se suele decir muriendo y aprendiendo. Con la llegada de mis amigos a la mañana siguiente nos fuimos a tomar un café y a estrecharnos en un fuerte abrazo pues hacía mucho tiempo que no nos veíamos. Y así concluía mi primera semana viajera.
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